PSST ¿Has oído este bulo en la Red?

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¡Grandes ofertas! ¡ Descuento increíble! ¡Última oportunidad! ¡ Has sido seleccionado entre miles de usuarios! ¡Qué suerte! Y así hasta el infinito… ¿Te lo creerías si alguien en la calle te parase y te ofreciese a ti y solo a ti a cambio de tus datos personales? ¿Le prestarías atención? ¿Por qué lo haces en Internet en donde, además, no puedes verle la cara ni sabes quién está detrás de esa gran oportunidad?

El timo de la estampita o el tocomocho ahora se llaman Phishing. Han cambiado los medios, pero, en esencia, la dinámica es muy parecida: aprovecharse de una necesidad o un sentimiento de la víctima para, a través de un ‘gancho’ llevarse su dinero o, lo que es peor, su identidad. Para lo bueno y para lo malo, Internet llega a millones de personas lo que, en la mente de un estafador, significa millones de potenciales ‘pardillos’. Primer consejo: Aplica el sentido común.

Correos electrónicos, promociones en Facebook, mensajes privados en Twitter o, más recientemente, whatsapps de contactos desconocidos que solo te piden un pequeño favor: que pinches en un enlace para sentirte un usuario con suerte… Y funciona, aunque pueda parecerte extraño, funciona.

Miles de personas han picado en la falsa promoción de cupones regalo de 500 euros en compras de Zara que se volvió viral en Facebook, que tuvo su continuación con los vales descuento de Mercadona, Ikea, el Corte Inglés o Lidl, el 90% para unas gafas RayBan o los Iphone 4, 5 y 6 que habían sobrado de una promoción… Lo mismo le ocurre a todos aquellos que pensaron que tendrían opciones increíbles con su nuevo Whatsapp azul o que podrían espiar lo que escribe su pareja o amigos a través de una App nunca vista (y que sigue sin verse).

Si en estos casos el ‘gancho’ es la oferta, en otros lo es el miedo. Notificaciones de tu banco en la que te avisa que tu cuenta está suspendida y que, fíjate, tienes la oportunidad de desbloquearla a través de Internet introduciendo las claves que nunca te han llegado a través de esta vía; avisos falsos de la Policía que, en vez de presentarse en tu casa para pedirte que te vayas buscando un abogado, lo hacen a través de tu correo (¿Tú se lo habías dado?) para informarte de que tienes un problema. Lo mismo ocurre con la Seguridad Social que te reclama una deuda a través de un mail.

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El miedo es un poderoso aliado para los estafadores; no en vano nuestro país es el tercero de Europa en número de afectados por fraude bancario. Cada día se lanzan nuevas alertas por suplantación de entidades bancarias en correos que enlazan a falsas plataformas o portales bancarios. ¿Te cuesta mucho llamar al servicio de atención al cliente de tu banco o acercarte a tu oficina para hablar de ello?. Segundo consejo: Consulta e infórmate.

Junto al dinero y el miedo, la necesidad de trabajo es el tercer gran pilar en el que se apoyan los intentos de estafa: falsas ofertas de empleo que prometen condiciones inmejorables sin apenas requisitos, sin entrevista y, en la mayoría de los casos, acaban pidiéndote que llames a teléfonos que empiezan por 806, 802…

¿Cómo puedes reconocer un bulo o intento de estafa en Internet? Como te hemos dicho hay que aplicar el sentido común y siempre contrastar las fuentes a las que aluden los estafadores. ¿Para qué está Google? Introduce el asunto o el remitente del correo o promoción y añade la palabra ‘bulo’ o ‘estafa’. Junto a esto, puedes hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿El mensaje o promoción tiene un enlace? Si es así ¿está acortado? Recuerda que las páginas seguras remiten siempre a Https//:
  • ¿El mensaje contiene un archivo adjunto? Antivirus de forma inmediata antes de descargarlo o abrirlo.
  • ¿Conoces al remitente? ¿Quién le ha dado tu mail o tu teléfono y por qué se pone en contacto contigo? En caso de ser un banco o un organismo oficial: teléfono o presencia física en el lugar.
  • ¿Alguien ha oído hablar de lo que dice el mensaje? Se supone que si una gran marca lanza una promoción en redes habrá salido publicado algo en los medios. Busca antes de lanzarte a la oferta.
  • ¿Está bien redactado? Si tiene exclamaciones o términos que aluden a los extremos: Urgente, Última oportunidad, Alerta, Peligro… ¿crees que el supuesto remitente se dirigiría a ti con esas palabras? Ni que decir tiene que si contiene faltas de ortografía no hay que abrirlo.
  • ¿Te habías inscrito en esa oferta de empleo? ¿Cómo te han encontrado? ¿Lo dicen?
  • ¿Te piden que difundas el mensaje entre tus amigos en redes sociales o tu lista de direcciones de correo?

Nadie está a salvo de sufrir un engaño, ni en Internet ni en la vida real, pero al menos no se lo pongas fácil; aplica el sentido común, infórmate y siempre consulta fuentes oficiales. Evita disgustos.