El voluntariado tiene nombre de mujer

Ser voluntaria no es un acto espontaneo. Es un acto que perdura en el tiempo durante el cual se desarrolla una actitud de mucha responsabilidad. Es lo que todas las mujeres han hecho a lo largo de su vida, ser el germen y la fuente de energía de todas las familias. Son las que cotizan solidariamente en la sociedad y en sus familias, con total entrega y dedicación, sin esperas de recompensas, solo una sonrisa.

Las mujeres voluntarias son muy activas, actúan de la mejor manera y aportan un gran valor significativo de apoyo y seguimiento. Se comprometen con lo que hacen y apuestan por ello. Se demuestran a sí mismas que quieren hacerlo y, lo que es más importante, que pueden.

Se convierten en autenticas profesionales del voluntariado. Concilian su vida familiar con la profesional, tan difícil hoy, y además tienen tiempo para dedicar a esa otra gran familia que tienen. Ellas son así. No van a medias y lo dan todo. Hacen del voluntariado su medio de vida. Tan acostumbradas a darlo todo, son madres, hermanas, hijas. Son mujeres. Y valen mucho.

Son de una pasta especial, que sacan fuerzas de donde no las hay, se involucran en el voluntariado con una sensibilización a flor de piel. Trabajan y muy duro. Y sonríen y hoy más porque es su día –el Día Internacional de la Mujer- y se lo merecen. Han luchado siempre por una sociedad igualitaria, justa y solidaria y lo consiguen porque siguen luchando cada día. Las mujeres voluntarias cambian el mundo, apostando con el corazón, por conseguir un mundo más justo.

Los datos demuestran el cada vez más alto nivel de participación femenino y su implicación en nuestro proyecto, tanto como beneficiarias de nuestro servicios de acompañamientos digitales –más del 60% son mujeres-, en jornadas de sensibilización –siendo el 66%-, formación presencial –el 59%- y teleformación –el 55%-, descubriendo para ellas un mundo desconocido hasta ahora, pero lleno de ventajas para aplicarlos a su vida diaria. Todo son ventajas. Romper la brecha digital femenina es ir acabando con desigualdades, accedes a las innovaciones tecnológicas, ya que su no acceso genera una exclusión laboral.

Desde la perspectiva social, si las mujeres no se adaptan al uso de las TIC e innovaciones cruciales, ello puede generar desigualdades económicas y sociales y reforzar otras previamente existentes. Este acceso es efectivo a través de ACD, proyecto en el que las mujeres muestran su interés por el uso de la innovación, tanto como voluntarias –representan el 46%- como usuarias –son el 61% de las beneficiarias de los servicios de ACD– teniendo un nivel de implicación y un afán de superación muy acentuado.

La presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias de Motril, Teresa Álvarez, es un ejemplo de tantas mujeres emprendedoras. En su experiencia, nos comenta que el uso de las TIC por parte de las mujeres supone un desarrollo profesional para ellas muy avanzado y hace que se optimicen sus recursos. “Somos de mente abierta y espíritu innovador. En estos tiempos difíciles, la tolerancia a la incertidumbre  y la capacidad de resistencia de la mujer es enorme.”

La solidaridad se escribe en femenino porque las mujeres ejercen en mayor medida la empatía,  se ponen en lugar de las otras personas, tienen habilidades sociales, muestran apoyo y son altruistas.

Desde ACD os felicitamos este Día Internacional de la Mujer Trabajadora para conmemorar los esfuerzos femeninos.