El futuro en clave de presente tecnológico

El futuro en clave de presente tecnológico

La tecnología parece avanzar con más rapidez que nosotros. Cuando nos estamos adaptando a un nuevo sistema aparece otro en el mercado que deja obsoleto los conocimientos hasta la fecha. “Estar a la última” ya no es un término que se utilice solo en el campo de la moda, y el interés por conocer las novedades es cada vez mayor entre los jóvenes.

Es innegable el gran avance que han supuesto las nuevas tecnologías en el desarrollo de las telecomunicaciones, llegando a transformar nuestras formas de expresarnos. Pero éstas también se están aplicando a todos los sectores industriales, avanzando, por ejemplo, en el ámbito de la salud, la energía, la informática, la cibernética, las infraestructuras, la conectividad o los diferentes recursos para la transformación social, mejorando el tejido de producción con fórmulas más ecológicas.

Hace veinte años nos imaginábamos conduciendo coches voladores y aunque las previsiones no se han cumplido,-de momento-, sí podemos disponer de toda la información necesaria a tan solo un clic desde nuestra muñeca. Los avances son innegables e imparables, y las empresas tecnológicas compiten por lanzar una novedad que sorprenda y enganche a los consumidores. Prueba de ello es el reloj inteligente de Apple que, además de disponer de toda la información ya contenida en un teléfono móvil, puede, por ejemplo, mantener una partida de ajedrez en directo.

Otras de las novedades que ya apuntan a incorporarse en nuestra cotidianidad son las gafas de google, que muestra toda la información disponible en internet pero de forma autónoma. Éstas, visibilizan todo desde la esfera digital, sobrepasando las líneas de la privacidad personal. También hay noticias de posibles coches automáticos que no necesiten de un conductor, o cómo las plataformas de comunicación social se insertan en el parabrisas como una pantalla flotante activada por voz.

Todos estos avances no están exentos de fuertes controversias y críticas ya que, dependiendo del uso, puede ser beneficioso o perjudicial para la sociedad. Depositamos nuestra identidad en la red: almacenando documentos, subiendo imágenes, localizaciones, estados de ánimos, y dejamos una huella digital visible para cualquier rastreador de la red. Las aplicaciones nos hacen estar más presentes y dependientes de estas tecnologías y por ello, establecer un control sobre su uso puede librarnos de una mala pasada.

Los cambios tecnológicos son permeables a todos los que convivimos dentro de la era 2.0. No solo los jóvenes se han visto obligados a cambiar sus formas de relacionarse, también las empresas y los trabajadores, y con ello la educación de los más pequeños. Los nativos digitales han comprendido perfectamente el uso de las nuevas tecnologías y para muchos es más fácil poner una canción en Youtube que pasar la página de un libro. Prueba de ello es la incorporación de las Tics en las aulas o los nuevos juegos interactivos que compiten por garantizar una experiencia tridimensional y dantesca que reproduzca en ellos una sensación inolvidable.

La carrera tecnológica por conseguir robots más sofisticados y similares a los humanos es un hecho entre las grandes aspiraciones comerciales. Mientras, seguimos conociendo tecnología accesoria que nos hacen más fácil la vida, aunque no por ello mejor. La pregunta que los más reticentes a todos estos cambios se hacen es: ¿son necesarias?

Entre algunas de las novedades destacadas para 2015 se encuentra un detector de baches, una tostadora que personaliza el pan con los selfies de tu móvil, un medidor de hidratación corporal o un convertidor de imágenes bidimensionales a hologramas. La tecnología sigue avanzando y sobre el futuro podemos especular cada vez con menor margen de error.

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