Cómo practicar un consumo digital responsable

Efemérides como el Día Mundial del Consumo Responsable nos recuerdan la importancia que tienen nuestros hábitos de compra, y de manera especial nuestros hábitos de consumo digital, para que la sociedad avance hacia un desarrollo más sostenible.

¿Qué es el consumo responsable?

Entendemos por consumo responsable un modelo de consumo que sustenta las decisiones de compra y su frecuencia en una sólida conciencia medioambiental y social. Las compras desaforadas y superfluas, o la aceleración del índice de reposición de los de productos, son fenómenos que chocan frontalmente con esta filosofía. El consumo responsable se ajusta a necesidades reales y tiene en cuenta la forma en que han sido desarrollados los productos y servicios objeto de compra. De acuerdo con esto, todo bien que adquirimos deberá cumplir requisitos de igualdad social y respeto al medio ambiente. Y toda compra debería estar bien justificada. Si es pertinente o no, si antes de tirar algo lo hemos intentado reutilizar o reciclar…

Cuando compramos un producto nos fijamos en sus cualidades y en su precio. Estas variables son importantes, desde luego, pero también lo son las condiciones en las que se ha producido, la observación de las normas medioambientales y un entorno laboral adecuado que cumpla con la ley. ¿Cómo aplicamos esta forma de entender el consumo en el mundo digital?

Comprar en digital con sentido común

El consumidor digital a veces parece insaciable. La facilidad que las nuevas tecnologías han instaurado en los procesos de compra dispara en ocasiones el fenómeno. Ya desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo es posible adquirir eso que no encontrabas en ninguna tienda.

Según los últimos datos, el 58% de la población española compra online. Se trata de un consumidor muy bien informado y exigente, pero también muy impaciente e impulsivo.

Por un lado, Internet está lleno de múltiples ofertas para un mismo producto, lo cual otorga al comprador un amplio abanico para comparar y elegir. Esta competencia provoca también un mayor grado de exigencia tras la compra, esto es, el consumidor digital necesita cada vez más servicios post-venta rápidos y eficaces.

Por otro lado, con frecuencia nos vemos inmersos en una vorágine consumista que nos hace perder el foco. ¿Compramos aquello que realmente necesitamos? ¿Aprovechamos de verdad la vida útil de las herramientas tecnológicas? En este sentido, reciclar en la medida de lo posible ciertos dispositivos puede ser una práctica muy saludable, sin caer, claro, en la obsolescencia tecnológica (¿recuerdas este post sobre “aquellos maravillosos e indestructibles móviles”?.

Y por último, algunos pequeños gestos que están en nuestra mano también contribuyen a una cierta ecología digital: por ejemplo, configurar la intensidad de luz en la pantalla para reducir el consumo energético, apagar el móvil y cualquier otro aparato electrónico cuando estén en desuso o priorizar las baterías limpias en detrimento de las más contaminantes. Hoy puede ser un buen día para empezar.

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