Aquellos maravillosos e indestructibles móviles

maravillosos móviles

¿Sabías que en la Tierra hay más líneas de telefonía móvil que habitantes? Es posible que a día de hoy este dato no te sorprenda, pero hace un tiempo te hubieras quedado ojiplático… Y lo cierto, después de todo, es que el boom de la telefonía móvil no ocurrió hace tanto como nos pueda parecer. Aquí te proponemos un viaje a los orígenes del móvil en España.

Una historia hecha ladrillo a ladrillo

Realmente, la telefonía móvil (como tecnología analógica 1G) llegó a España allá por el año 1976, con la puesta en servicio del Teléfono Automático en Vehículos. Pero las primeras muestras de tecnología móvil de consumo, en cuanto a terminales “portátiles”, aparecieron mucho después.

En 1995 solo un 2% de la población española tenía móvil, y el 25 de julio de ese año el gobierno autorizó a Telefónica a comenzar el servicio de telefonía digital. Es imposible no recordar con cariño los clásicos Motorola, Alcatel, Ericsson y el mítico “Nokia de la serpiente”, que en el reciente Mobile World Congress ha sido rescatado del baúl de los recuerdos y actualizado para darle un aspecto más propio del siglo XXI.

En aquellos últimos años del milenio, el precio de las tarifas era en pesetas (4.000 al mes, para ser más exactos), había franjas horarias en las que era más barato llamar (sobre todo por la noche) y estaba permitido hablar por el móvil mientras se conducía. Y aunque muchos nos quejemos hoy de la duración de la batería de nuestros smartphones, en aquellos tiempos sólo duraba… ¡media hora! Qué difícil te resultaría ahora, ¿verdad?

Nadie puede negar que la comunicación y la conectividad son ahora mucho más sencillas gracias a tenerlo todo dentro un smartphone. Por no hablar del acceso a internet, algo que hoy nos parece lo más normal del mundo, y que entonces no había sido ni siquiera soñado.

Aún así, actualmente ya hay mucha gente que recuerda esa época con un encanto especial, cuando a esos “ladrillos” de móvil no se les rompía la pantalla ni a propósito, y cuando no era necesario reclamar la atención de un amigo o familiar que no despega la vista de su móvil.

Ya han pasado los años suficientes para que esas antiguallas se conviertan en piezas vintage, el tiempo necesario para que la nostalgia les confiera una especie de romanticismo tecnológico a prueba de anaqueles y cajones.

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